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Tungsteno, un fuente de iluminación clásica

A 3422 grados Celsius, el tungsteno tiene el punto de fusión más alto que cualquier otro metal, lo que lo hace extremadamente resistente al calor. En cambio, no conduce la electricidad tan bien como el cobre y el aluminio, metales conductores típicos. Por tanto, un filamento delgado de tungsteno se calienta hasta que se vuelve incandescente, sin fundirse, mientras que los cables de suministro, más gruesos y de metales conductores, apenas se calientan. Por este motivo, desde comienzos del siglo pasado, los filamentos de las bombillas se fabrican principalmente con tungsteno, algo que, en principio, no ha cambiado hasta la actualidad. Aparte de la bombilla clásica, que se está sustituyendo cada vez más por fuentes de iluminación eficientes desde el punto de vista energético, los filamentos de tungsteno también se utilizan en las bombillas halógenas. Además, el metal se utiliza como electrodo en las lámparas de descarga de gas y tubos de electrones. El tungsteno solo aparece de manera natural en varios compuestos químicos. Al procesar la mena, el primer paso es separar el óxido de tungsteno de estos compuestos. Para obtener el metal puro de este óxido, este último se reduce a polvo y se calienta en los hornos de reducción. La atmósfera de estos hornos está formada por hidrógeno, que se combina con el oxígeno en el polvo de óxido, lo que da como resultado tungsteno puro y vapor. El exceso de hidrógeno se devuelve a los hornos. El metal se sinteriza en una atmósfera protectora de argón e hidrógeno. Con el siguiente proceso de extracción se produce el cable para los filamentos de tungsteno.

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