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Gas - El buen espíritu del vino

El nitrógeno y el carbono ayudan desde la cosecha de la uva hasta su almacenamiento.

En la actualidad existe una gran demanda de vinos frescos de carácter afrutado. Una preparación rápida y cuidadosa, una fermentación y oxidación controladas y la higiene desempeñan una función importante en la producción del vino.

Si las temperaturas superan los 25 grados Celsius durante la cosecha del vino, se corre el riesgo de que las uvas empiecen a fermentar demasiado pronto. En este caso, el hielo seco enfría las uvas de manera más efectiva que el agua. Además, cuando el hielo seco se derrite, no se forma nada de agua.

Al añadir gránulos de hielo directamente a la prensa o al mosto, se elimina el oxígeno atmosférico, lo que garantiza la protección microbiológica frente a la oxidación y evita la fermentación prematura.

El dióxido de carbono también se utiliza durante la maceración en frío, que permite una mejor extracción de los aromas de frutas. Este frío prolonga la fermentación en temperaturas bajas del mosto.

También se utilizan gases para almacenar y refrigerar vinos. La inercia de los tanques, con dióxido de carbono para el vino blanco y nitrógeno o argón para el vino tinto, elimina el oxígeno atmosférico del líquido, aportando así protección frente a la oxidación. Los vinos que deben tener un sabor más fresco y un aroma más afrutado se refrescan con dióxido de carbono.

Además, los gases sirven de ayuda incluso cuando se sirve el vino: una vez abierta la botella, una mezcla especial de gases protege al vino frente a la oxidación, que reduciría su calidad.

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